Soltera en la Ciudad

lunes, 26 de mayo de 2008

Los Treinta


La edad ha sido un tema protagónico en mi vida en el último tiempo. Haber llegado a la tercera década no ha sido fácil para mi, no porque me sienta vieja sino por el hecho de “cambiar de folio” y seguir soltera. Porque debo confesar que mi soltería no es por opción, no llegué soltera a mi edad porque lo planificara así, al contrario nunca imaginé seguir soltera a esta edad. Más bien han sido las circunstancias las que me han traído por este camino.

Para aquellas mujeres de inclinación feminista sonará patético, pero ¿qué chica no se soñó entrando al altar con un hermoso vestido blanco? De seguro cuando teníamos esos delirios nuestra mente infantil daba por hecho que eso ocurriría en la veintena.

No es lo mismo responder que estás soltera, cuando alguien tiene la ocurrencia de preguntar tu estado civil, teniendo treinta años que cuando tenías veinte. De partida se produce un quiebre en la conversación por algunos segundos, como si la información revelada fuera incómoda para el receptor. Aquellos segundos en que la persona trata de buscar algo que decir como si tuviera que justificar tu prolongada soltería o al menos hacerte sentir bien.

Porque debemos reconocer, una mujer “treintona”, bonita, profesional y soltera sin compromiso, incomoda a muchas personas en la sociedad en que vivimos, especialmente a los hombres. Como que tratan de buscarle una explicación a lo inexplicable. Algunos salen con frases como “¡¡y qué le pasa a los hombres de este país!!”, otros simplemente cambian el tema, dejándola a una con la sensación de que algo malo hay en nosotras.

En fin, a veces me detengo por unos momentos y pienso, ¿cómo hice para llegar a esta edad sola? ¿en qué momento ocurrió que no me di ni cuenta? Pues miras a tu alrededor y la mayoría de tus amigas o conocidas de tu misma edad ya están casadas o peor aún (para ti), están embarazadas. Y tu te preguntas, ¿de qué me perdí que ellas lo lograron y yo no? Espero encontrar pronto la respuesta.

sábado, 24 de mayo de 2008

Fojas Cero


Hace mucho tiempo que tenía ganas de abrir un blog. Desde siempre me gustó escribir mis pensamientos y desde que veo la serie Sex & The City, el solo hecho de ver a mi heroína Carrie Bradshaw plasmar sus venturas y desventuras amorosas en un notebook y además vivir de ello, la idea se me hizo aún más tentadora.

Hace unos dos años que vengo masticando la idea. Las mujeres como yo, solteras, profesionales con trabajo tiempo completo, que viven en alguna ciudad grande como Santiago, y de aprox. 30 años me entenderán que uno muchas veces se propone hacer cosas y la vorágine de la vida que llevamos además de nuestros propios temores nos obligan a posponerlas.

Me han ocurrido diversos hitos en este último tiempo, todos ellos calificaban como el momento y motivo perfecto para comenzar a escribir en un blog, como lo fue el día en que logré independizarme al comprar y mudarme a mi departamento propio, o cuando al fin logré terminar una relación larga y tortuosa y sentirme libre, o mejor aún el día en que cumplí los 30 años y la crisis que eso conllevó (y que sigue causando estragos), o bien el enfrentar el Día de San Valentín sin pareja a mis recientemente cumplidos 30 años, o el último hito: la compra de mi primer vehículo.

Ninguno de estos hechos tuvieron la fuerza suficiente para decidirme a dar este paso como el de ahora: Me rompieron el corazón.

Así es, a mis 30 años, dos relaciones largas y varias recientes desventuras amorosas debo confesar que un chico se dio el lujo de romperme el corazón. Si este no es motivo suficiente para empezar a compartir mis pensamientos entonces no sé cual es.

Hace aproximadamente un año terminé con gran esfuerzo mi segunda relación de varios años en la cual no era feliz. Después de aquello pasé algunos meses sola dedicándome a cultivar amistades y construyendo una vida social que no tenía debido a que todo mi tiempo y energía era dedicado a ese personaje y la relación.

Hacia finales del año pasado, y con motivo de las típicas fiestas de fin de año que organizan las empresas, asistí a una de ellas con un colega con la excusa de que no era una cita, sino que ambos nos hacíamos un favor al ir juntos para evitar presentarnos a tal evento sin pareja, con todo lo que ello implica en esta sociedad.

De ahí surgió una relación sin compromiso que en mi caso no terminó bien debido a mi inexperiencia en ese tipo de acuerdos, pues he pasado gran parte de mi vida en relaciones largas y serias. Después de ese pequeño tropiezo, vino una seguidilla de desaciertos amorosos en mi afán por, primero, hallar el amor de mi vida, que luego evolucionó en un temor por estar sola, luego comencé a experimentar el complejo que yo llamo “Girls just wanna have fun”, para luego terminar en un patético intento por “sacar un clavo con otro clavo”, pues aunque no quisiera, con algunos de estos chicos inevitablemente me “enganchaba” emocionalmente y luego buscaba otro para olvidar al anterior.

En medio de este círculo vicioso y confuso, conocí a un chico que parecía distinto y especial comparado con el resto. La forma en que nos conocimos fue diferente pues involucraba hechos más bien espirituales que carnales y todo parecía tan prometedor que no pude evitar, cual Bridget Jones latina, echar a volar mi imaginación e ilusionarme al punto de proyectar un futuro con él.

Cuando nos conocimos, ambos estábamos envueltos en una de esas relaciones sin compromiso las cuales mutuamente decidimos terminar para al fin poder estar juntos y conocernos más. Cuando todo parecía marchar de lo mejor, llega el susodicho y me informa que está “confundido”, que no pudo terminar la relación porque se dio cuenta que aún quería a la otra chica, pero que aún no estaba seguro y se veía enfrentado a la difícil tarea de tener que elegir entre ambas, colocándome así en una competencia en la cual jamás pedí participar.

Como ya he pasado varias penurias amorosas y de algo me ha servido para madurar en el manejo de las situaciones (aunque no para aprender a evitar caer en ellas nuevamente), y aferrándome, cual salva vidas a mi consigna y máxima: “siempre digna”, le dije que me haría a un lado pues para mi el hecho de que decidiera no terminar la relación ya significaba que la había elegido a ella.

Así que, aquí me encuentro nuevamente en fojas cero, aunque con más “heridas de guerra” que el año pasado en esta misma fecha: 30 años, soltera y sin compromiso.

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